La obesidad está golpeando a las comunidades indígenas


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Un estudio realizado por científicos de la Universidad Veracruzana y de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, entre indígenas náhuas, la etnia más numerosa del país, descendiente de los aztecas, arrojó que la proporción de personas de esta comunidad con sobrepeso fue de 41%, y de obesidad de 36.5%.

Pero el primer lugar en obesidad infantil en México lo tiene Yucatán, sureste del país, con una amplia población maya, cuyos ancestros formaron la más avanzada civilización de la era prehispánica, con altas tasas de obesidad y diabetes.

Según la asociación civil El Poder del Consumidor, 60% de los subsidios que el gobierno canaliza a este segmento para abatir la miseria se gastan en alimentos “basura” que mantienen al 40% de los niños y adolescentes desnutridos y al 50% de los adultos con diabetes.

Cifra del ministerio de Salud señalan que en México el problema de la obesidad afecta en un 70% a los adultos y a uno de cada cuatro niños. El país también ocupa el primer lugar mundial en obesidad infantil.

Los científicos no se ponen de acuerdo en si el problema es cultural o tiene que ver con los cromosomas. Investigaciones realizadas por expertos de la Facultad de Química de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y los institutos nacionales de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán y de Medicina Genómica señalan que hay una variante en los genes de los mexicanos que afecta a poblaciones indígenas y mestizas.

El científico Samuel Canizales, que participa en este proyecto, afirma que se han realizado estudios en grupos de personas de Africa, Asia y Europa “y en ninguna hallamos la alteración”. Según la hipótesis de algunos expertos, como Marta Menjívar, de la Facultad de Química de la UNAM, que todavía no ha hallado resultados concluyentes, la predisposición genética hacia la obesidad tendría sobre todo raíces indígenas.

Sin embargo, Mauro Valencia, de la Universidad de Sonora, discrepa de este enfoque y afirma que hay una “evidencia convincente que los cambios en el estilo de vida asociados con la occidentalización juegan un papel importante en la epidemia mundial” de obesidad y diabetes entre los indígenas.

Valencia cita un estudio entre los indios Pima que comparten la frontera entre México y Estados Unidos y se halló que los estadounidenses se hicieron sedentarios en los últimos 100 años, mientras los mexicanos siguieron con trabajo físico de agricultura de subsistencia, con dieta simple y mucha actividad.

El resultado es que “los pimas mexicanos tenían siete veces menos la prevalencia de diabetes que los de Estados Unidos” y pesaban 30 kilos menos cada uno en promedio.

“Cuando uno ve que en el transcurso de 24 años pasamos de una prevalencia de obesidad en mujeres de 9 a 35%, evidentemente en ese período tan corto no cambia la genética, sino el medio ambiente”, dice Juan Rivera, investigador del Instituto Nacional de Salud.

Para frenar la epidemia de obesidad entre los indígenas escasean las iniciativas.

Una de ellas fue adoptada en el sureño estado de Quintana Roo, frontera con Belice, donde el Congreso local decidió editar en lengua maya un Manual contra la Obesidad para promover “un cambio cultural en materia de nutrición y hábitos de vida saludables”. La medida obedece a que la obesidad afecta al 70% de los habitantes de los cuatro municipios con mayor proporción de indígenas mayas.


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